-Y ahora… -gritó el presentador. La multitud enfervoreció-. ¡La estrella del espectáculo!
“¿Por qué cogí este trabajo?”, pensó mientras aguardaba nerviosa entre bambalinas. “¿Qué es lo que le he hecho a la vida para acabar en este sitio? Por más que trato de explicármelo no logro entenderlo. Era buena estudiante, una alumna ejemplar para la mayoría de profesores de mi instituto… Y ahora estoy aquí, abandonada en este pueblo de mala muerte”.
-Venida desde el estado de Utah…
“Ni siquiera me despedí de mis padres. ¿Qué dirían si me vieran vestida de esta manera?”. Observó sus zapatos de tacón, de color negro, a juego con el resto del atuendo, un minimalista bikini en látex. “Seguro que de la decepción no volverían a mirarme a los ojos. He sido su hija preferida aunque no me lo dijeran nunca, siempre por delante de mis otros dos hermanos. Hicieron un sacrificio tan grande para poder pagarme los estudios en la mejor universidad de California… Y yo los malgasté en apenas una semana”.
-…Expresamente para actuar esta noche… -el presentador hizo una pausa mientras alentaba al público gesticulando con las manos. Tampoco necesitó demasiados esfuerzos, ya que el alcohol había corrido lo suficiente como para emborrachar a todo un galeón de piratas-. Sí. Ya sé que la estáis esperando. ¡Habéis venido a verla a ella!
“A verme a mí. ¡A mí!”. Las lágrimas resbalaron por las mejillas de la chica sin que ella intentase detenerlas, aún a riesgo de estropear el maquillaje. “Pero yo no quiero veros a vosotros, sólo a mi familia. ¿Por qué tuve que marcharme de casa si todavía no estaba preparada para ello? Ahora me doy cuenta. Todavía soy una niña…”. Corrió a mirarse en un espejo cercano y este le arrojó una imagen extraña. Tenía un cuerpo joven, terso, bien modelado. Pero las prendas que vestía, y sobre todo la espesa capa de maquillaje, proyectaban una imagen de mujer adulta, mucho más mayor de lo que en realidad era. Y su cabeza se negó a aceptar aquel falso reflejo de sí misma. “Me he equivocado. No estoy preparada. No lo estoy. ¡Por favor!”.
-¡Gritad su nombre! ¡Gritadlo!
“Sé que tengo suficiente valor. Si he podido llegar hasta aquí también soy capaz de marcharme. Sé que puedo marcharme. ¡Sé que puedo!”
-¡Aquí está! Sexyyy… ¡SAMMY!
Los espectadores corearon su nombre mientras agitaban en el aire una fortuna en billetes de dólares, arrugados y sudorosos. Aguardaban impacientes la salida de su estrella y esta se vio acorralada. Tenía ante sí a una jauría de hombres sedientos de sexo, pero no pudo escapar. El presentador, al verla indecisa, se acercó a ella y, propinándole un pequeño empujón, la obligó a salir a escena. Sammy alzó la cabeza y avanzó hacia el centro del escenario procurando no caerse con sus enormes tacones. La barra vertical le esperaba en el centro, testigo mudo de su obligada y repentina madurez.
“Aún sigo siendo una niña”.
















1 comentario to Sigo siendo una niña.
Bitacoras.com
Marzo 28th, 2009 el 5:04
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