“Tiempo libre por delante, solo en casa sin temor a que me interrumpa nadie… ¿Por qué no? Tampoco tengo otra cosa que hacer y el deseo… Me impulsa a ello. Decidido”. Oscurecí de una palmada los cristales del comedor, arranqué el programa seleccionando calidad holográfica y sensorial y cargué la configuración predeterminada. “Espera. Hoy tengo ganas de emociones fuertes así que elegiré algo más arriesgado. A ver que es capaz de simular mi nuevo ordenador”. Hice tiempo hasta que cargó las variables, aprovechando para desnudarme, y, justo antes de colocar los sensores en mis partes supuestamente más nobles, una voz femenina, tan suave como sensual, llamó mi atención desde la mesa del comedor.
-Hola.
-Hola -contesté yo ligeramente cohibido-. ¿Cómo te llamas?
-Puedes llamarme como tú quieras o dejar que escoja un nombre de manera aleatoria.
-Prefiero uno aleatorio.
“¿Por qué harán estos sensores tan difíciles de colocar? Puede que la talla sea unisex pero hay algunos que tenemos problemas para colocarlo en el pene. Ojalá alguna chica pueda valorar algún día el tamaño por que ignoro si el mío entra dentro de lo normal o no. Las estadísticas poco importan en este tema”.
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Martes, Febrero 17, 2009
drama
-Se miró en el espejo descubriendo en la imagen al niño que pensaba haber dejado atrás hace mucho tiempo. Entonces los recuerdos infantiles le asaltaron como una tormenta seca arrastrándole a un pozo de melancolía en el cual, durante unos minutos que se estancaron en el tiempo, fue capaz de sentir la emoción que proporcionan los objetos y lugares cuando son contemplados por primera vez y, dado que la superficie quedaba tan lejana como inalcanzable, le fue imposible reprimir las lágrimas.
Podía percibirlo: mi discurso les resultaba tan extraño como desconcertante, acostumbrados como estaban a mi habitual retahíla de ocurrencias. Nadie me había interrumpido aunque en alguna cara intuí el deseo de querer hacerlo. Sin planearlo había hecho una pausa, tras la cual continué leyendo el papel.
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-¡Hasta siempre!
Mientras gritábamos observamos como el barquito se deslizaba lentamente río abajo. Estaba construido en cartulina por lo que haría aguas antes de alcanzar algún puerto, pero al único pasajero no pareció importarle. Su cuerpo permanecía inmóvil mientras se alejaba de nosotros, igual que lo había estado durante todos estos años.
Todavía recuerdo el momento en el que mi madre me lo regaló. Eran tiempos difíciles y aquel muñeco de madera fue mi primer y único juguete. Se asemejaba a un soldado, a excepción de los colores del uniforme, demasiado chillones para sobrevivir una guerra. Aunque aguantó mil combates infantiles, decenas de caídas desde mi estantería, salió indemne de multitud de inmersiones en otros tantos charcos… Y cientos de nuevas perrerías de mis hermanos, que lo fueron heredando uno tras otro cuando el anterior dejaba obligatoriamente de ser un niño. Hasta llegar al último, el más pequeño de los cinco hijos, todos varones. Cuando cumplió once años decidimos que ya era hora de liberar al soldado y comenzar el camino a hacerse un hombre.
-¡Hasta siempre soldadito!
Gritamos con todas nuestras fuerzas desde la orilla del río, pero sólo sonaron cuatro voces. Entonces miré a mi hermano pequeño. Estaba a mi lado, con la mirada perdida, mientras luchaba en silencio por aguantar las lágrimas.
Jueves, Febrero 5, 2009
amor
Meritxell terminó de arreglarse pulverizando el perfume de su hija sobre el escote que aquella blusa, también de su hija, le marcaba, más provocador que insinuante.
-Ya estoy lista -dijo en voz alta, a pesar de que estaba sola-.
El atuendo era perfecto para la cita: minifalda negra con una obertura en el costado izquierdo que, dependiendo del ángulo de mirada, dejaba entrever el nacimiento de los muslos, unas medias grises, rematadas en encaje blanco,que resbalaban sin pudor por unas piernas acabadas en tacones del grosor de un alfiler, y una blusa blanca inmaculada con un escote tan vertiginoso como escarpado, capaz de atrapar hasta las miradas masculinas más recelosas.
-¿Y tú que piensas? -le preguntó Meritxell a la imagen que le devolvía el espejo-. Lo sé, estamos fabulosas.
Pero había algo que no acababa de convencerla y que, cuanto más miraba, más le parecía remarcarse en su rostro. Cogió la base de maquillaje y se aplicó una ración generosa en el contorno de los ojos.
-¡Mierda! Y eso que aseguraban que el botox borraba todas las arrugas. Leer el resto de la entrada »
Esta entrada no es más que, como reza el título, el planteamiento de una web tan interactiva como estática, en la que irán apareciendo tanto textos inéditos como ya conocidos, aunque siempre pasados bajo la pluma de la revisión. Ni sé cuales serán las frecuencias de actualización ni tan siquiera si actualizaré, pero si habrá algo seguro: el esfuerzo de creación de cada texto aquí publicado. Por que si hay algo que he aprendido es que sin el esfuerzo no somos nada: un simple granito a la deriva en una tormenta del desierto. Sería imposible salir de ella si sólo nos dejásemos llevar.
Siempre hay una salida y para mí esta web es una de esas puertas a lo desconocido.
Iván…
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