Miércoles, 25 de Marzo de 2009

Relato.eu

Para pasar el rato nada mejor que un relato.

Miércoles, Marzo 25, 2009

El mundo debe esperar.

cuentos

-¿Ves? Ya te dije que podía volar.
El pequeño gorrión dio un corto vuelo volviendo de nuevo al nido, donde le esperaba su madre, expectante. “No lo hace del todo mal”, pensó ella. El polluelo aterrizó con dificultad en una rama próxima, aguantando el equilibrio para no precipitarse al suelo. “Aunque le falta mucha práctica todavía”.
-Ya te dije que podía hacerlo -el gorrioncillo se acercó brincando hasta su progenitora. Con cada salto daba un pequeño aleteo-. Ya puedo salir y ver mundo. Tengo tantas ganas de sentir el viento silbando entre mis plumas…
-No tan deprisa jovencito. Todavía no estás preparado para abandonar el nido -la mirada de su hijo cambió de la alegría al enfado pasando por la incredulidad-. Por mis alas han pasado muchos polluelos antes que tú y todos habéis pecado de los mismos errores. Creídos, ambiciosos, soberbios… Es una etapa común en la vida y aunque no lo creas el mayor peligro de ahí fuera no es caerse al suelo.
-No me des la charla. ¡Ya puedo volar! No necesito nada más que mis alas para seguir adelante.
Leer el resto de la entrada »

-¡Ya estoy en casa!
Volver a su hogar era lo que más le apetecía a Sergio. Las seis horas de trabajo reglamentarias quizá fuesen demasiadas para el típico joven recién independizado pero para él, ilusionado con su nueva vida en solitario, resultaban el estímulo idóneo para levantarse cada día con la mejor de las sonrisas. Aunque no era este el único aliciente con el que convivía. En su casa, un típico piso urbano de apenas treinta y cinco metros cuadrados, le esperaba a quien Sergio consideraba su mujer.
-Buenas tardes -saludaba ella con una sonrisa al verle aparecer por la puerta-. ¿Qué tal el día?
-Mal hasta que estoy contigo -era su respuesta habitual-.
La gente criticaba con demasiada facilidad su relación. Incluso sus padres, que más de una vez le habían advertido del peligro que corría al encariñarse de ella. Pero todo resultaba inútil. ¿Qué joven no necesitaba una pareja para alcanzar la estabilidad necesaria para madurar por completo? Sabía que era peligroso, que cualquier día sería demasiado tarde para dar marcha atrás apagando aquella relación que le mantenía con alas a pesar de la falsedad de su amor. Pero no importaba. Tampoco tenía a nadie más.
-¿Qué has hecho hoy para comer? -preguntó Sergio sentándose a la minúscula mesa del también minúsculo comedor-. Tengo tanta hambre que te comería de un solo bocado.
-Eso no sería posible -dijo ella sirviéndole un plato humeante de macarrones precocinados-. Sólo soy un conjunto de números binarios.
Leer el resto de la entrada »

Sábado, Marzo 14, 2009

De compras en el infierno.

misterio

-¿Te apetece entrar?
“Pues la verdad es que no tengo ningunas ganas. Aunque tampoco me apetece mucho esperarla dos horas a que salga de esta tienda”.
-No me gusta demasiado comprar ropa -contesté con cortesía-. Me parece una pérdida de tiempo.
-¿Y qué haces cuando necesitas renovar el armario? Tarde o temprano tendrás que salir a comprar.
-Eso es cierto. Pero no tardo nada en comparación con una mujer.
“¡Mierda! Ahora parezco sexista. No es mi intención generalizar pero lo cierto es que todas las chicas con las que he estado tardaban horas en salir de las tiendas de ropa. Como si las hubieran retenido contra su voluntad. Pero por otro lado… ¿Qué impresión le daré si no entro con ella? Llevamos tan poco tiempo saliendo que”…
-Así que me comparas con el resto de mujeres -comentó Nerea visiblemente dolida-. No sé para que estás saliendo conmigo si mantienes esas ideas preconcebidas.
-Perdona -me disculpé-. Tienes razón. He hablado antes de la cuenta. Pero el caso es que me apetecería tomar algo contigo en vez de entrar en la tienda.
-Yo necesito algo de ropa -en su tono se advertía cierta amenaza-. Si no me acompañas quizá piense que no te apetece estar conmigo.
“¿Y ahora qué? Ya no tengo escapatoria. Si no entro con ella pensará que no la quiero lo suficiente como para compartir sus gustos. Pero”…
-¿No puedes comprarla en otro momento?
-Podría. Pero no estarías tú para darme la opinión.
“¿Opinión? Lo que yo opino es que deberíamos de abandonar este lugar cuanto antes. Hay algo maléfico en él. Puedo percibirlo”.
-Está bien -”¿qué estoy haciendo?”-. Pero prométeme que sólo será un momento.
-Ni cinco minutos.
Leer el resto de la entrada »

Sebastián era un enterrador con tres generaciones a sus espaldas de dedicación en exclusiva a aquel cementerio, enclavado en un pequeño y rústico pueblo de montaña. La única herencia que había tenido de sus antepasados era aquel oficio que desde siempre le había obligado a ser un solitario. Pero eso encajaba perfectamente en el puzle de su carácter, ya que nunca veía la necesidad de entablar conversación con nadie, a excepción de los muertos. Y, como solía decir él, eran la mejor compañía para un hombre de limitadas palabras.
Cada mañana, con la salida del sol, inspeccionaba cada rincón de su querido camposanto. Vigilaba los panteones, cavaba nuevas fosas, limpiaba el suelo de hojas secas… Y lo que más le gustaba: repartía las flores que consideraba sobrantes entre aquellas tumbas que parecían olvidadas por sus familiares. Se consideraba a sí mismo el Robin Hood de los muertos. “Los menos recordados también tienen derecho a recibir un ramo”, pensaba.
Uno de los días inspeccionó el nicho más reciente extrañándose de que aún no hubiesen colocado ninguna placa o recordatorio con el nombre del difunto, dejando la lápida de granito negro totalmente desnuda. “Que solo debes de estar ahí dentro”, pensó. “Te traeré unas flores para que te hagan compañía”. Minutos después un gran jarrón de narcisos decoraba con majestuosidad la entrada a la tumba. Satisfecho con el trabajo, Sebastián continuó con sus quehaceres rutinarios.
Leer el resto de la entrada »

Sábado, Febrero 28, 2009

Alegría de vivir.

cuentos

El suicida se asomó aún mas al vacío, tensando el único brazo que le mantenía sujeto a la barandilla, y contempló la calle, abarrotada de hormigas, treinta pisos por debajo de sus pies. No tuvo miedo. Es más. La situación conseguía envalentonarle, necesitando sólo un último empujón para realizar el último salto. Y estaba a punto de hacerlo cuando…
-No lo hagas.
-Lo siento, es demasiado tarde.
-Nunca lo es, te lo aseguro. No hay nada que merezca la muerte.
-No lo entiendes. Mi vida ya no tiene sentido y la única salida es encontrarme con el suelo.
Soltó un dedo, otro… El suicida sintió como los otros tres se desprendían de la barandilla, incapaces de aguantar todo el peso de su cuerpo. Y entonces, acumulando todas las fuerzas en un estirón, volvió a su posición original, a salvo del precipicio.
-Creí que evitarías que me suicidara.
-Si es lo que quieres no tiene sentido intentarlo.
Leer el resto de la entrada »

Acerca de...

Este blog es el resultado de muchas horas estrujando el cerebro, muchos borradores continuamente revisados y, lo que es más importante, producto de incontables tazas de café, silencioso compañero de cualquier escritor o aspirante a plumilla.

Comentarios

  • marisa: ESPERO QUE ESO NO PASE NUNCA ,NADA COMO EL CALOR ,EL OLOR,EL SABOR ,LA SUAVIDAD DE UN CUERPO .LO DICHO NO...
  • Leonor: Bueno….!!! pues a mí me ha encantado!!! me ha pasado algo similar, respecto a la edad, tengo 35 y él...
  • Ilión: “Nunca descubrirás como funciona el mundo hasta que no te acuestes con él.” Tengo que volver a...
  • Lupe: Muy bueno. En la vida hay que ser uno mismo, guste a los demás o no. Lo importante es creerselo. Y desde luego,...
  • Public enemy: En metro, juas, juas.. Que bueno.
Creative Commons License