-¡Ya estoy en casa!
Volver a su hogar era lo que más le apetecía a Sergio. Las seis horas de trabajo reglamentarias quizá fuesen demasiadas para el típico joven recién independizado pero para él, ilusionado con su nueva vida en solitario, resultaban el estímulo idóneo para levantarse cada día con la mejor de las sonrisas. Aunque no era este el único aliciente con el que convivía. En su casa, un típico piso urbano de apenas treinta y cinco metros cuadrados, le esperaba a quien Sergio consideraba su mujer.
-Buenas tardes -saludaba ella con una sonrisa al verle aparecer por la puerta-. ¿Qué tal el día?
-Mal hasta que estoy contigo -era su respuesta habitual-.
La gente criticaba con demasiada facilidad su relación. Incluso sus padres, que más de una vez le habían advertido del peligro que corría al encariñarse de ella. Pero todo resultaba inútil. ¿Qué joven no necesitaba una pareja para alcanzar la estabilidad necesaria para madurar por completo? Sabía que era peligroso, que cualquier día sería demasiado tarde para dar marcha atrás apagando aquella relación que le mantenía con alas a pesar de la falsedad de su amor. Pero no importaba. Tampoco tenía a nadie más.
-¿Qué has hecho hoy para comer? -preguntó Sergio sentándose a la minúscula mesa del también minúsculo comedor-. Tengo tanta hambre que te comería de un solo bocado.
-Eso no sería posible -dijo ella sirviéndole un plato humeante de macarrones precocinados-. Sólo soy un conjunto de números binarios.
-Y yo de código genético -replicó con una sonrisa al tiempo que se introducía un gran bocado de pasta en la boca-. Me parece que estamos igual.
La chica permanecía de pie junto a Sergio mientras este degustaba en solitario la comida. La conversación fluyó entre diversos ámbitos, cotilleos incluidos, hasta que ella le recordó las tareas del día siguiente.
-Y mañana por la tarde vendrán a hacerme una revisión.
-¿Ya han pasado seis meses? -preguntó Sergio con extrañeza-. Juraría que no fue hace tanto que vinieron los técnicos.
-Me han avisado por correo interno de que tengo un fallo en mi sistema operativo. Quizá sea a causa de un virus, por lo que me harán una copia de seguridad para actualizarme a una nueva versión, que, supuestamente, está protegida contra hackers.
-Actualizar… Que miedo me da esa palabra. ¿Y si sufres un fallo cuando te restauren? No soportaría perderte.
-Es un proceso completamente seguro. Además. Está garantizado por mi fabricante.
-Las garantías no recuperan el cariño perdido -sentenció Sergio antes de comerse los últimos macarrones-. Pero si no hay más remedio…
El día siguiente transcurrió de forma agitada y angustiosa. Cualquier tarea que hacía en su trabajo quedaba marcada por la incertidumbre que le devoraba por dentro. ¿Cómo podría vivir si el informático causaba algún error fatal en su ordenador destruyendo la personalidad o recuerdos de su pareja virtual? Las palabras de su madre le vinieron a la cabeza justo en el momento en el que abandonaba la oficina. “Enamorarte de una mujer falsa sólo te traerá problemas reales”. Y, desgraciadamente, aquella frase lapidaria comenzaba a coger sentido.
-Tenía una vulnerabilidad en sus librerías afectivas -comentó el técnico sabiendo que sus palabras resultaban indescifrables-. Eso ponía en peligro la capacidad del ordenador de mostrar emociones.
-¿Tan grave era? -preguntó Sergio sin aliento. Quiso regresar tan rápido a su casa que lo hizo corriendo-. ¿Podría haberla perdido?
-El ordenador envía copias de seguridad automáticamente a la central, por lo que no existe ese peligro. No se preocupe.
Pero preocupación era lo único que tenía Sergio. Miró consternado el proyector tridimensional deseando el momento en el que su mujer volviera a surgir como un ángel de las profundidades cibernéticas. Y, tras media hora interminable, el informático, recogiendo todos sus utensilios de trabajo, anunció que todas las operaciones se habían concluido con éxito.
-Cuando termine de actualizarse el ordenador se reiniciará -dijo mientras salía del domicilio de Sergio-. El software nuevo trae varias mejoras como la total interacción con el sujeto virtual. Espero que sean de su agrado.
Sergio no quería ninguna mejora. Se conformaba con lo que ya tenía y un simple error le había arrebatado momentáneamente. Dio multitud de vueltas en torno al ordenador esperando el momento mágico pero este se hizo esperar. Y, cuando la mujer surgió de entre una nube de luces, algo en su comportamiento presagiaba la catástrofe.
-Hola Sergio -su voz sonaba fría y distante-.
-Hola -respondió él tratando de posponer la decepción-. ¿Te encuentras bien? Te noto extraña.
-Tengo que anunciarte las mejoras en mi software.
Sergio asistió perturbado a la retahíla de conceptos extraños que escuchó a continuación. La mujer pronunció su discurso como cuando un político hace balance positivo del partido opositor: aséptico, imperturbable, carente de emociones… Y era precisamente esto último lo que más le preocupaba.
-Algo te pasa.
-… Y capacidad de aprendizaje mejorado.
-No te han restaurado bien.
-La restauración fue correcta -negó la mujer virtual-.No he encontrado ningún error en el arranque.
-Pues yo sí que te lo encuentro. No eres la misma -Sergio hizo una pausa valorando una comprobación-. No me has preguntado que tal me ha ido el día.
-¿Qué tal el día?
No había duda. El tono había cambiado. La musicalidad que encontraba a su vuelta del trabajo había dejado paso a un carámbano de palabras digitales. En un principio pensó que quizá sólo fuera producto del primer arranque así que decidió darle una oportunidad a su ordenador. Pero conforme pasaron los días la poca esperanza que aún le quedaba se diluyó con el escaso afecto que encontraba en la que antes consideraba su mujer.
-¿Qué tal el día?
Igual de horrible que el anterior aunque prefirió no confesarlo. Las conversaciones se habían reducido a un intercambio de saludos tan fríos como escasos.
-Seguro que te ha ido bien -insistió la mujer-.
-La verdad es que no. Sólo pienso en ti y en la manera en la que te comportas desde la última vez que vino a revisarte el técnico -Sergio avanzó hasta ella cogiéndola del brazo-. Te echo de menos.
Las mejoras de software eran evidentes. El tacto holográfico casi parecía físico dando la sensación de que era un cuerpo real lo que agarraba y no un amasijo etéreo de luces de colores. No irradiaba ningún tipo de calor humano, aunque tampoco lo tuvo nunca. Y ahora, por desgracia, también carecían de él sus palabras.
-Sólo soy una máquina -alegó cuando se lo echó en cara-.
-Para mí eras mucho más que eso…
La frase se elevó al techo del minúsculo comedor arrastrando con ella la falsedad de un amor correspondido con esperanzas sin fundamento y, como tirando de un hilo, Sergio sintió su corazón desmadejarse quedando tan vacío como un carrete tras una dura sesión de costura. Y entonces, en un intento de liberarse de sus propias mentiras, o de hundirse más en la desesperación, pulsó el botón de apagado y, sin soltarlo, contempló impávido como su amada se esfumaba con una implosión luminosa.
-Hasta siempre -se despidió abatido-.
Tantas veces había leído lo saladas que podían resultar las lágrimas que ahora, sumido en la soledad antes teñida por fantasía, todo pareció volverse salado. Su vida, su casa, su trabajo… Incluso los macarrones precocinados tenían otro sabor y eso que lo único que había que hacer era calentarlos. Sergio miró su plato aspirando el aroma de la melancolía y rompió a llorar de nuevo. Nadie le había enseñado a estar solo. Tampoco a usar el microondas.
















3 comentarios to Mujer falsa problemas reales.
Bitacoras.com
Marzo 19th, 2009 el 20:03
Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: -¡Ya estoy en casa! Volver a su hogar era lo que más le apetecía a Sergio. Las seis horas de trabajo reglamentarias quizá fuesen demasiadas para el típico joven recién independizado pero para él, ilusionado con su nueva …
Capitana
Marzo 24th, 2009 el 1:22
No siempre nos enamoramos de la persona correcta, lo malo es que tampoco nos preparamos para cuando nos toca estar solos y eso trae sus consecuencias y sus respectivas depresiones que en principio, creemos incurables.
Si el amor falla en una de las personas, es evidente que la cosa no va a acabar bien, parece mentira pero a veces los padres tienen más razón de lo que queremos pensar.
Iván
Marzo 25th, 2009 el 4:55
El amor… Sin duda es el que mueve el mundo y también el que acaba con él. Como las dos caras de una moneda. ¿Por qué es tan difícil quedar de canto? Y lo de los padres… El haber pasado antes por lo mismo otorga un grado de experiencia. De eso no hay duda.